Eduardo Izar Robles

Charros contra Gánsteres.

A mediados del siglo pasado fue muy famosa una película mexicana titulada: “Charros contra gánsteres”. La imaginaria mexicana hacía ganar a los charros frente a los gánsteres, ya que estos eran un producto de importación de nuestro vecino Estados Unidos.

Toda proporción guardada, este mismo fenómeno se repite, solo que ahora, de parte de las fuerzas del orden: militares, policías y gendarmes, contra los gatilleros que reclutan las fuerzas del crimen organizado.

Quienes representan el estado tienen entrenamiento, armas y disciplina, en tanto que quienes se alinean con las fuerzas del mal, aprenden conforme se desarrollan en la práctica de las actividades ilícitas.

Todo mundo recluta gente, hasta el Papa tiene guardias suizos, y el ejército, además de las escuelas militares, contrata soldados rasos y les enseña, si no el arte de la guerra, cuando menos la legítima defensa.

En ambos bandos priva la obediencia, lo que difieren son los castigos; pues si un soldado no obedece lo más lógico es que lo sancionen mediante el encierro u otro castigo. Pero si un sicario no obedece lo más fácil es que lo maten.

La paga que les dan a los miembros del ejército es muy inferior a las que reciben los mercenarios al servicio del crimen organizado, y esto hace una diferencia; porque la lealtad es mayor en la medida que la paga es más grande.

Por eso decimos que unos y otros, policías o criminales tienen profundas diferencias; porque por ejemplo, en el crimen organizado la gente mata para ascender y tener reconocimiento y aceptación, en tanto que los soldados, los simples soldados les está prohibido matar sin razón alguna y cuando lo hacen, por ser la tropa, son los que acaban en la cárcel para responder de los muertos en caso de que se haga público el acontecimiento.

La población percibe de manera diferente a cada uno de los integrantes de los dos bandos, a los dos les temen; pero es más fácil que colaboren con información con los integrantes del crimen organizado y es por eso que el estado tuvo que inventar un delito, el llamado delito de Halconeo, con el cual se castiga a quienes transmiten información para advertir sobre el paso o la presencia de los policías o militares. El pueblo es cómplice de los sicarios; porque los siente como de los suyos, en tanto que a los uniformados representan la autoridad y en el caso del ejército, la represión.

Los sicarios al servicio del crimen organizado pasan desapercibidos, se confunden con el resto de la población, hablan como ellos, visten como ellos e incluso son aceptados como ellos, en tanto que los otros tienen la diferencia que hace el uniforme.

Los miembros del crimen organizado toman, comen, gastan y se divierten en compañía de la población, y esto hace que se identifiquen, que sean amigos, que se sientan agradecidos y si no los encuentran con las armas en las manos pueden pasar sin ser notados.

Por eso nos enteramos que abatieron a unos delincuentes porque o agredieron a quienes estaban en los retenes, o los quisieron evitar de manera sospechosa y hubo necesidad de dispararles, también nos enteramos que a un convoy le dispararon y mataron a alguno de sus integrantes y estos a su vez respondiendo al fuego, mataron a muchos de los integrantes de la banda del otro lado.

El problema más grave es que los integrantes del crimen organizado transitan en la clandestinidad, pueden pasar desapercibidos, tienen muchos informantes entre la población, obedecen ciegamente a quien manda, pues saben que los castigos por fallar son drásticos, se paga con la vida la deslealtad o la traición. Y los jefes carecen de escrúpulos y parten del principio aquel que dice: “hazte querer, si no, hazte temer para que te respeten”. Y por ello para ser duros entre los duros donde es preferible ser temido que amado, hacen uso de la fuerza para poner el ejemplo.

En el ejército o en la policía no es posible matar a todo el que desobedece o falla; por eso tienen mayores ventajas. Los delincuentes.

Decíamos que en el ejército les dan adiestramiento, e incluso hay instructores provenientes del extranjero como la DEA, el Mossad, las boinas verdes, etc. Y los delincuentes aprenden de los Kaibiles, los mara salvatruchas, y hasta de los terroristas musulmanes.

Esta nueva versión de la vieja película de charros contra gánsteres, es muy diferente, y más cruel sobre todo si contamos que en el sexenio de calderón hubo cien mil muertos, y que en este, el de Peña, ya van casi a la mitad y no tiene para cuando terminar la confrontación.

Lo verdaderamente importante en esta lucha sería, no el uso de las armas, si no el uso de la inteligencia; porque al final de cuentas todos los días nos enteramos de los índices de muertos, secuestrados, desaparecidos, asaltos, decomisos, fugas, extradiciones, chantajes, etc. Y no se ve como pueda resolverse de plano el problema de la delincuencia organizada y la seguridad que ofrece el estado. Porque el problema más grave que tiene el país es que gasta muchísimo dinero en programas de seguridad y no vemos que mejoren las condiciones de ésta.

Si el dinero que se gastan el policía, los gastaran en educación y abrir fuentes de trabajo, no estuviéramos contemplando ese enfrentamiento diario entre policías y delincuentes, entre las fuerzas del crimen organizado y las del estado, ni tampoco tendríamos que estar recordando a don Juan Orol, el director de la película que le da título a este artículo

ARCHIVO

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: