PEDIR EN LA FARMACIA…

Felicidades a todos los camineros de México.

Por Ramón Durón Ruíz

Me encanta el siguiente cuento: “A un discípulo que se lamentaba de sus limitaciones le dijo el maestro: — Naturalmente que eres limitado. Pero ¿no has caído en la cuenta de que HOY puedes hacer cosas que hace quince años te habrían sido imposibles? ¿Qué es lo que ha cambiado?

— Han cambiado mis talentos.

— No, ¡has cambiado tú!

— ¿Y no es lo mismo maestro?

— No, tú eres lo que tú piensas que eres, cuando cambia tu forma de pensar… ¡cambias tú!”1

En el mundo la divisa es el cambio, –es la vida que fluye al ritmo y al tiempo del universo–, pero el gran secreto de la vida se trata de que trabajes en tu cambio, no en intentar cambiar a los demás.

Hay momentos que crean turbulencia en el camino, que te generan estrés, tensión y ansiedad, que te impiden pensar con claridad; reflexiona que cuando una persona, situación o cosa no la puedas cambiar, pon en juego la sabiduría del mundo espiritual que anida en tu alma y acéptala, entiende que lo que no es para ti, no llegará, aunque te pongas, luego entonces es vital que aceptes el cambio… ¡y fluyas con el!

Cuando te concentras en vivir la majestuosidad del presente, tu alma se armoniza con el universo, llega una visión clara, que te ayuda a no descuidar ni los pequeños, ni los grandes detalles y aceptar el cambio en ti mismo, pero también en las personas, situaciones o cosas.

Es de sabios liberar la tensión que te perjudica, en automatizo vendrá un descanso a tu alma, que te relajará, entenderás que de nada te sirve que te opongas al cambio, entonces accesarás a la plenitud que tiene tu conciencia, viviendo la totalidad del presente, aceptando a las personas o cosas como son, entendiendo que es básico viajar con el torrente del río de la vida, sin resistirte al cambio.

Cuando te das permiso de vivir en el desapego, te concentras en tu ‘mágica mismidad’, aceptas el cambio, como una normalidad de la vida, entiendes que ni lo bueno ni lo malo… son para siempre.

Fluir con el cambio, te lleva a eliminar celos y envidias, abre tu alma para que lleguen las respuestas a las preguntas de tu vida, ves los problemas desde una óptica diferente, como una oportunidad para evolucionar y crecer, te concentras en el HOY, aprendes a disfrutar la plenitud de las personas y las cosas.

Cuando entiendes que en la vida el cambio es fundamental, trabajas en el autoconocimiento, gozas todo lo que te rodea, aprendes el valor de saber escuchar, descubres talentos escondidos que te empoderan de la vida, regocijándote en el amor y la felicidad.

Cuando consagras tu vida a dar la bienvenida al cambio, aprendes a compartir, servir, amar y ser amado, a bendecir la rica tersura de la vida, a ser feliz, entonces recuerdas que todo lo que parte del amor y la felicidad, está llamado a florecer, a recibir la armonía y la abundancia, a prosperar y a tener éxito.

Cuando fluyes con el cambio, dejas de luchar contra ti mismo, en automático llega la armonía, el equilibrio y la paz del alma, brota la estabilidad en tu trinidad: mente-cuerpo-alma, sanas tu mente, retornas a tu fuente primaria de amor y donde hay amor, no hay oscuridad, ni miedo que te enferme o desvié del camino.

Cuando cambias con y por amor, su poder es el camino, es viento a favor para tu barca, es una energía indestructible que tiene la virtud de generarte pensamientos y emociones positivas y posee la magia de sanar tu vida.

Cuando en el camino viajas con amor, eres un instrumento de paz y alegría, el cambio hace que florezca en ti una regocijante paz interior, que te conduce a la estabilidad emocional, a ver la rica policromía de la vida desde la óptica del amor y el buen sentido del humor.

A propósito de humor, “un tipo va a una cadena de televisión a hacer un casting, su único pero, es que  tiene un tic nervioso que le hace guiñar constantemente un ojo.

— ¿Pero cómo quieres que te contratemos así? –le dice el encargado del casting.

— No hay problema, se me quita tomando una aspirina, déjeme me tomo una que traigo en la bolsa.

El pela’o busca y empieza a sacar cajas y cajas de preservativos de todas las marcas.

— Oiga –dice el de la televisión– parece que a usted le va bien con las mujeres.

— Nombre, ni me pelan.

— Y todos esos preservativos ¿Qué?

— Ha probado usted pedir en la farmacia una caja de aspirinas… ¡GUIÑANDO UN OJO!

1 https://elcaminoalbienestar.wordpress.com/page/21/

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