Los números dan la razón a Coparmex: el Gobierno gasta en “servicios personales” más que en inversión

El sector empresarial que decidió no firmar el Acuerdo para el Fortalecimiento Económico, presentado hoy por el Presidente Enrique Peña Nieto, destacó que el Gobierno federal, quien administra los recursos públicos, está obligado a asumir “compromisos específicos” para mejorar el manejo del presupuesto, hacerlo eficiente, transparente y, en su caso, corregir o castigar su mal uso.

El jueves pasado, en un mensaje previo al transmitido a nivel nacional por Peña Nieto, la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) aseguró que hay un margen de maniobra para reducir los porcentajes de impuestos considerados en la fórmula para determinar los precios de las gasolinas, pero ello “pasa necesariamente por algún esfuerzo mayor del Gobierno para corregir su balance fiscal”; así como realizar un “recorte efectivo” al gasto público, el cual “no debe hacerse solamente reduciendo el presupuesto de inversión pública o los programas sociales, sino sobre todo mejorando la eficiencia del gasto”.

El Gobierno federal gastó más de lo programado en el presupuesto y más en servicios personales que en inversión pública de enero a septiembre del 2016, reportó la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) en su informe trimestral.

En los primeros nueve meses del 2016, el gasto neto total ascendió a 3 billones 763 mil 358 millones de pesos, un 4.6 por ciento más que en el mismo periodo del 2015 y un 6.2 por ciento más de lo previsto en el presupuesto  –220 mil 263 millones de pesos–, debido principalmente a un mayor gasto programable por 174 mil 507 millones de pesos, detalló la instancia.

“No hay suficiente control en el presupuesto. Cómo es posible que se gaste más del aprobado [por el Congreso de la Unión], ¿qué valor tiene un presupuesto si no se respeta? Pero no empiezan por el ejemplo. Si Presidencia gasta tanto y sin control, ¿por qué las demás instancias sí deben ajustarse?”, añadió.

Aunque la Auditoría Superior de la Federación (ASF) analiza en qué se destina el gasto, añadió, “sus informes no tienen consecuencia, nadie toma en cuenta sus análisis”.

Al destinar más dinero del programado, el Gobierno recurre a endeudarse.

Para el consultor y economista, el problema no es que la deuda pública se acerque al 50 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), sino su ritmo de crecimiento en poco tiempo [estaba en 33 por ciento al inicio de la gestión], a pesar de que la economía no crece y que ese dinero no vaya a inversión pública.

Si en Europa un Ministro de Finanzas reporta un crecimiento de la deuda a un ritmo rápido y con pocos resultados como en fue el caso de Luis Videgaray, seguramente no lo considerarían para la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE).

En México, no obstante, Videgaray Caso dejó el cargo de Secretario de Hacienda por influir en la visita de Donald Trump al país. Y a José Antonio Meade Kuribeña, actual titular de la SHCP, le pasó una estafeta astillada: el peso depreciado un 20 por ciento frente al dólar, un crecimiento estancado y una deuda similar a la de la crisis económica de 1994-95.

Hoy el responsable de ello, sin experiencia en diplomacia, es el Canciller. Vino a aprender, dijo al tomar el cargo.

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