EL MURO DE TRUMP

 

Por: Lic. Eduardo Izar Robles

De acuerdo con google las murallas más famosas del mundo son las siguientes:

El Muro de Berlín (Alemania), que por cierto ya desapareció, La Gran Muralla China, que tiene una longitud de casi 21.196 km, tres veces más larga que la que pretende poner Trump en la frontera con México; La Muralla de Adriano en Inglaterra; La Línea de la Paz (Irlanda del Norte); El Muro de las Lamentaciones en Jerusalén, Israel; La franja de Gaza, en Israel; Los muros de Constantinopla en Estambul, Turquía; Valla del Sáhara occidental, hecha de arena y piedra; las Murallas de Dubrovnik, Croacia; La Muralla del chicle en Seattle.

Algunas de ellas ya no existen, otras ya cumplieron con su función y al final de cuentas no hay muralla o frontera que impida el tránsito de las partes que divide.

Por eso la muralla o barda que pretende poner Trump entre los Estados Unidos y México, es una mera ocurrencia inútil parte de un proyecto de campaña. Nadie puede impedir el acceso de los migrantes entre los países. Los mueve el hambre, la necesidad de trabajo, o las actividades ilícitas. Y para llegar de un país a otro se puede hacer por tierra, por mar, o por aire, y en el último de los casos, por debajo de la tierra a través de un túnel. Nadie puede detener el flujo, que sería tanto como evitar las mareas.

Las fronteras no necesariamente tienen que ser de materiales. Durante la guerra de Corea había una línea imaginaria, un paralelo que dividía la del Norte de la del Sur. En la antigua Roma, Rómulo y Remo trazaron un surco en la tierra y determinaron que ese era la frontera, la muralla imaginaria de la ciudad, uno de ellos la atravesó y como se había sentenciado que quien lo hiciera debería de morir, lo mataron y a partir de ahí, sirvió de ejemplo, y ya nadie intentó traspasar el surco fronterizo.

La actitud de Trump respecto del muro que pretende poner se parece mucho a la actitud de los niños que pintan una raya e invitan o retan a su oponente a que la pase si es que tiene valor. Y tiene en frente como rival, a otro que manifiesta también una infantil indecisión y se escuda en frases huecas como aquella que dice: “Yo no creo en los muros, yo creo en los puentes”, actitud que denota que tiene miedo de enfrentar a su rival.

Pero al final de cuentas ganó el más pendenciero, el que pintó la raya y amenazó al otro con no dejarlo pasar y hacerlo pagar el costo del juego, y como el otro no tenía dinero se escudó en una excusa y dijo que no pagaría y así, cada uno de los belicosos contendientes se quedó de su lado y dejaron pendiente el pleito para mejor fecha.

Trump cree que está quedando bien con sus paisanos, se le olvida que por él votó el 25% de los electores, que un 26% votó en contra y que a el 49% restante no le interesa la política. Trump enfrenta manifestaciones en su contra a nivel mundial y tiene enemigos más grandes y menos tímidos que Enrique Peña Nieto. Por eso rehúye el encuentro con aquellos y se aprovecha de este que pequeño de tamaño también es corto de popularidad. No lo quieren en su tierra y casi nadie le quiere ayudar; sin embargo con los chinos va a encontrar su talón de Aquiles y si de pelear se trata, el presidente de Corea que es un niño travieso y tiene misiles, también lo va a enfrentar y tal vez hasta lo haga desistirse.

Le tocó al pobre de Peña ser el objeto de las bravuconadas del belicoso Trump, belicoso y aprovechado: que se meta con uno de su tamaño.

La barda se va a hacer, ¿quién la vaya a pagar? No lo sabemos. Más sin embargo de nada servirá. Los mexicanos seguirán yendo a Estados Unidos, ellos mismos les darán visa para que entren a su país, allá viven más de veinte millones de mexicanos que tienen su situación perfectamente asegurada y a los que no, puede deportar puesto que ya les reconoció su calidad migratoria.

Ellos mandan 30 mil millones de dólares y tal vez Trump les quiera quitar el 30% del dinero que envían, si se los quita, en dos años paga el muro; pero si los residentes en Estados Unidos que les mandan dinero a sus parientes mejor les dicen que los vengan a visitar y en lugar de enviarles el dinero a través de una institución bancaria, donde puedan controlar el envío, el dinero llegará sin descuento a su destino o proliferaran los “carteros”, aquellos que trasladan los encargos que los mexicanos les envían a sus parientes en Estados Unidos (chiles, chorizo, cecina, barbacoa, tamales, asado, tortillas, etc.) y de regreso traen el dinero que ellos les mandan.

Podríamos decir que qué van a hacer los gringos con los trabajos que ni los negros quieren hacer y que hacen los mexicanos según dijo Fox. Tendrán que buscar braceros como en el pasado para realizar esas labores degradantes.

Y además, cómo le van a hacer para vigilar 3,000 km de frontera, 1,000 de ellos de río, ¿cómo van a evitar que pase la gente por túneles, con grúas, drones, lanchas, o por último con pasaporte en carro, avión o en autobús?

Se le olvida a Trump que somos mexicanos, que los mexicanos somos muy cariñosos, que tenemos estrechos lazos familiares, que somos hermanos de a de veras y que por la familia se pueden hacer sacrificios.

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