DULCE, TRUCO U OLVIDO

                                      Por: Luis Enrique Vera Alvarado

 

Tenía años que no veía una fila tan larga, ni siquiera cuando es viernes de quincena. Decidí unirme al furor del momento. Increíblemente no se trataba de un mitin del PRI, era la cola del cine para ver Coco, la película de Disney inspirada en México.

Como la fila de las palomitas estaba igual me fui a la de las crepas. Gané tiempo. Entré a la función un poco tarde. Para ser un lunes en la noche estaba a reventar. La pantalla se llenó con una mezcla de colores que sólo puede crear un país donde ni la muerte se salva de la burla.

Y justo de eso trató dos horas la película. De la muerte, o más precisamente, del día de muertos. No voy a escribir nada con relación a la trama, por consideración a los que aún no la han visto. Sin embargo, hay tres grandes temas que abarca el filme que son dignos de mención y de análisis: la importancia de la familia, lo que pasa una vez que se extingue la vida y las tradiciones del pueblo mexicano.

Aunque claramente las primeras dos resultan más importantes, trataré sobre la tercera pues la película me conmovió y me hizo preguntarme si es posible que nuestra cultura se pierda en manos de la influencia norteamericana, de la globalización y del mercantilismo.

Coco trata primordialmente de lo sucedido en un pueblo como cualquiera en el Día de muertos. Al ser una producción extranjera, está cargada de simbolismos y costumbres gringas, pero sí logra capturar la esencia de lo que es México. Resulta imposible no emocionarse al ver todo nuestro folklore en la pantalla grande. Un folklore que emociona porque es prácticamente una reliquia, un sentimiento casi extinto y una serie de tradiciones modificadas a tal punto que las raíces sólo las recuerdan unos cuantos.

A México se le puede dividir en dos en una enésima serie de aspectos. Me vienen a la mente un México metropolitano y un México rural. Enfoquémonos en el de las grandes ciudades, donde la realidad y la fantasía ya no se confunden como antaño porque el internet es la nueva religión.

Hace algunos años era posible encontrar quien pidiera su calaverita el día de muertos o en Halloween. Ahora, nada de eso. Todo es fiestas de disfraces, películas de miedo, día de brujas y calabazas. Los altares, que representan nuestra tradición, ya sólo se encuentran en las escuelas, seguramente por mandato de la SEP. Nuestras tradiciones se han fusionado con las extranjeras, a tal punto que ya no se puede distinguir entre una de otra, se confunden o se toman por lo mismo.

El día de muertos es sólo un ejemplo, pero hay varias tradiciones que se pierden poco a poco en nuestra evolución cultural. También hay dogmas que se han vuelto inmaculados, como la Virgen de Guadalupe. Justo en este punto me pregunto cuál será el futuro cultural de nuestra tierra, ¿Un México agringado?, ¿Un país de que tiene que ceder potestad en ideología para encontrar medios de supervivencia?, ¿O quizá un México híbrido, donde todo se combina en una explosión de colores y sabores para un renacer que no se convierte en fénix, pero sí en águila, como pasó con la unión de lo prehispánico y lo gachupín, y derivar en lo que somos a la fecha?

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