EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL DÓLAR A DIECINUEVE CINCUENTA

 

Por: Luis Enrique Vera Alvarado

Era inevitable: el olor de las alitas búfalo le recordaba siempre el destino de los amores contrariados. Siguió caminando por la acera de Carranza, alicaído, maldiciendo su suerte por nacer de baja alcurnia y haber posado el fervor de su corazón en una princesa de palacio y abolengo. Las rosas de un colorido local acentuaron su miseria. “Si tan sólo el amor fuera un fruto de las inquietudes del alma y no una virtud de los acaudalados” pensó.

Atreverse a amar en el siglo XXI es un acto de poderío económico. El Espíritu Santo brinda a los enamorados todo menos casa, vestido y sustento. La inflación nos carcome como crímenes en la conciencia y al paupérrimo presidente de la nación se le ocurre subir el salario mínimo un diez por ciento. Me pregunto si sabrá cuánto valen las casas que no son blancas.

Más allá del romance al que todos estamos expuestos, el tema del día es la carencia de recursos monetarios en la billetera del pueblo. Primera cita, quinientos pesos. Primer beso, setecientos pesos. Casarse…bueno, no nos adelantemos tanto. La odisea moderna es sobrevivir al salario mínimo y formar una familia con eso.

Pero todo mal tiene remedio. Almas muy caritativas ofrecen los lunes de makis a dos por uno, martes de caguamas a cuarenta, miércoles de cine en promoción y jueves de cubeta a ciento cincuenta. Una mente creativa es el don más grande que puede otorgar el cielo. Mejor intentar algo ahora antes de que el dólar siga subiendo.

La realidad es que lo único más grande que la riqueza de nuestro planeta es la injusticia de su repartición. La Tierra tiene todo lo necesario para brindar una provisión digna a cada persona, pero la avaricia, el ego y la sed de poder condenan a millones de inocentes. Hemos ido mejorando, si consideramos que durante mil años existió el feudalismo y la esclavitud. El capitalismo es una suerte de mejora, pero no es el sistema que necesitamos. Lástima que Steve Jobs está muerto y no podrá vendernos una actualización más productiva.

Tampoco pretendo hacer una tesis en economía de un alumno de izquierda de la UNAM. Sería interesante crear un videojuego donde no existiera en el hombre el deseo de tener más que sus semejantes: un nuevo paradigma de equidad casi celestial. La cosa es que la desigualdad está arraigada en lo más profundo de nuestras células. Aún en el mundo de la ciencia ficción, Harry Potter es rico y Ron está bien jodido.

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